Extraño Regalo
Cuando Sara, con una mezcla de inocencia temeraria y amor cegador, le propone a Dion un regalo insólito para la noche de despedidas de soltero, ignora por completo que está abriendo una puerta invisible, un pasaje delicado hacia un destino que no perdona. Lo que ella imagina como un gesto de confianza, o quizá una prueba silenciosa de la fuerza de su vínculo, se convierte, sin que ninguno lo sepa, en la semilla de una tragedia inevitable. El regalo es una mujer… Una noche con cualquier mujer que Dion eligiera; una figura que él mismo escogería entre todas las demás, como si la libertad fuera un obsequio y no un filo mortal. Lo único que Sara exige, con voz temblorosa y mirada firme, es un juramento: que después de esa noche, después del último suspiro concedido a otra piel, Dion nunca más quebrara la lealtad que los uniría para el resto de sus vidas. Ella le ofrece ese pacto como quien entrega una rosa bañada en lluvia, sin ver las espinas ocultas bajo los pétalos. Dion, desconcertado ante la magnitud del gesto, siente que el mundo se detiene, que algo antiguo y oscuro despierta entre ellos. Porque no es simplemente una noche prestada, ni un permiso envuelto en deseo: es un riesgo, un desafío a los dioses del destino, un pacto con las fuerzas que acechan entre la duda y el deseo. Y sin que ninguno de los dos alcance a comprenderlo, esa concesión, nacida del amor, de la confianza y quizá también del miedo, marcará el inicio de un conflicto profundo, silencioso al principio, pero devastador, como un incendio que comienza con una chispa invisible. Una promesa rota antes incluso de ser puesta a prueba. Una profecía disfrazada de regalo. La noche aún no ha llegado, pero la tragedia ya ha comenzado a escribir su nombre.